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LECCION 2 - CONSTRUYENDO COMUNIDAD: LAS RAICES M DEL ADOBE
Las casas y iglesias de adobe de la región del
Río Grande son una prueba de la tradición
de autosuficiencia, del uso de materiales locales y de
la cooperación entre miembros de familia y de
la comunidad en la construcción de edificios. Técnica
e estéticamente los edificios creados por los
hispanos de Nuevo México se basan fuertemente en
prototipos españoles y mexicanos que a la vez
incorporan influencias moro/árabes e indígenas.
El material de construcción mas común entre
los españoles mexicanos fue el adobe, un ladrillo
hecho de tierra, paja y agua que se seca con el sol.
La tradición del uso del adobe comienza con los
moro/árabes que invaden España en el año 710 y
utilizan la técnica por más de siete siglos. A la vez,
los españoles introdujeron el uso de adobe a México y
a Nuevo México.
Para hacer un adobe se echa la mezcla de lodo en
una adobera o forma rectangular y se tiende en la
tierra. Solo usando una adobera se puede crear una
forma rectangular y uniforme con el lodo. Los adobes
se tienden bajo el sol por varios días hasta
secarse. Después de algunos días se paran para que se
acaben de secar en cada lado.
Una casa de adobe se levanta empezando con el yacimiento de los cimientos de piedra sobre el cual
se tienden hileras de adobe cimentadas por una
mezcla de lodo.
La fuerza de las esquinas se asegura por el yacimiento de los adobes de tal forma que
las dimensiones largas y cortas siempre se alteran.
Ya una vez que se han levantado las paredes, se construye el techo tendiendo unas vigas largas
de pino entre pared y pared.
Después, las vigas se cubren con rajas de cedro
o ramas de álamo que se llaman latillas. Sobre estas
se tendía grama o zacate sobre el cual se aplicaba
una capa gruesa de lodo. Encima de esto se echaba
más tierra para resguardar el interior de la lluvia y de
la nieve.
Las casas hispanas de esos tiempos
contaban con un fogón de adobe colocado en una esquina de un
cuarto que se utilizaba de cocina y a veces de dormitorio.
El fogón tenía un doble uso: calentar y cocinar.
Los pisos o suelos se hacían de una mezcla de lodo
y se saturaban de sangre de buey. Bancos de adobe
se levantaban contra las paredes. Allí se sentaba
la gente muy a gusto. Cada una de estas
estructuras incluso la casa se embarraban con lodo para que
las superficies quedaran suaves y para que a la
vez resistieran el desgasto por uso y por el agua.
Las puertas y ventanas eran pocas y pequeñas
tanto para resistir los ataques de enemigos como
para preservar el calor en el invierno. Las casas
se extendían de uno o dos cuartos a un caserón
según iba creciendo la familia. Por lo general, el plano de
la casa conformaba a una "L" o "U" y de vez en
cuando encerraba todo un patio completo en forma de
una "O." Varias casas agrupadas juntas alrededor de
una plaza creaban un sitio donde la gente se reunía.
Las plazas podían ser fácilmente cerradas cuando
era necesario protegerse de ataques de los enemigos.
En muchos pueblos hispanos de hoy día, las plazas
aún se usan y se mantienen y la gente aún construye
sus propias casas de adobe.
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